"Lolita" de Vladímir Nabókov.

"Lolita" de Vladímir Nabókov.

Notapor La_profe » 20 Sep 2015, 22:35

“Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta”.


La novela de Vladímir Nabókov “Lolita” cumple 60 años. Fue el 15 de septiembre de 1955 cuando la publicaron por primera vez, en Francia, pero en inglés, idioma del original.

Del rechazo a la fama: las primeras publicaciones.

“No soy lector ni autor de novelas didácticas y, a pesar de la afirmación de John Ray, Lolita no tiene lastre moralizante. Para mí, una obra de ficción sólo existe en la medida en que me proporciona lo que llamaré lisa y llanamente placer estético, es decir, la sensación de que es algo, en algún lugar, relacionado con otros estados de ser en que el arte (curiosidad, ternura, bondad, éxtasis) es la norma. Todo lo demás es hojarasca temática solidificada en inmensos bloques de yeso cuidadosamente transmitidos de época en época, hasta que al fin aparece alguien con un martillo y hace una buena rajadura a Balzac, a Gorki, a Mann.”
(Del posfacio a la edición estadounidense).

Antes de haber ofrecido el manuscrito a los editores franceses Nabókov intentó hacer que el libro se publicara en Estados Unidos, país de su residencia, pero las cuatro editoriales que visitó se negaron a editar una “novela erótica” a pesar de que hubiera sido maravillosamente escrita como las obras anteriores del autor, para entonces ya mundialmente conocidas.

El camino que recorrió la novela hasta convertirse en un verdadero best seller y ser considerada una obra maestra de la literatura del siglo XX fue duro: después de haber sido publicada en Francia, fue prohibida en ese país, luego ocurrió lo mismo en Inglaterra, pero, pasado un tiempo, volvió a los escaparates de las librerías, y la polémica que creó fue tan inmensa que sirvió como publicidad para las futuras publicaciones del libro al que le esperaba la gloria.

“Lolita” en la URSS.

El mismo Nabókov decía que no se podía ni imaginar un régimen en Rusia, liberal o totalitario, bajo el cual su “Lolita” estuviera publicada. Si el autor hubiese vivido hasta el año 1989 en el que salió la primera edición soviética legal de “Lolita”, no se lo habría creído. Digo “edición legal” porque a pesar de no haber existido una edición soviética oficial del libro hasta 1989, la novela se podía leer en Rusia en ciertos círculos. En la época de la perestroika, o quizá antes, los estudiantes repartían la novela fotografiada e impresa en los campus universitarios, y se leía de esta manera: pasando de una foto a otra. Los que tenían máquina de escribir hacían copias para sus amigos y para guardar algún ejemplar para sí mismos.

La primera edición, la de la revista “Inostránnaia Literatura” a la que mis padres estaban suscritos, la pude leer yo. No fue en 1989, está claro, pero sí una década más tarde.

Mis lecturas de “Lolita”.

Tenía unos dieciséis o diecisiete años cuando descubrí aquellas revistas con "Lolita" dentro y no fui capaz de leer la novela entera. Pasaba de un número de la revista a otro buscando escenas de amor, porque era lo que más interés me provocaba entonces. Cuando pregunté a mi madre si había leído ese libro de Nabókov, me dijo que sí y que no le había gustado. Todavía me falta tiempo para ser madre de una adolescente, pero puedo comprender el por qué mi madre me había contestado así.

En 1997 salió la segunda versión de la película “Lolita” (la primera es de Stanley Kubrick, de 1962), pero no ha vi hasta pasados unos años. Entonces un día la pusieron en la tele y me impresionó. Hasta ahora es una de mis películas favoritas.

Y la segunda vez que leí el libro ya fue en su versión original, en inglés. Ese libro lo compré un día en la Casa del libro de Gijón, no hace muchos años, y enseguida lo empecé a leer. Lo terminé en unos días y hubo dos cosas que me molestaron. La primera: palabras de jerga americana de los 1950-60 que no conocía. La segunda: las caras de Jeremy Irons, Dominique Swain, Melanie Griffith y otros actores que salían en mi imaginación a la hora de leer la novela.

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La tercera vez que leí “Lolita” fue en su traducción rusa, la del mismo Nabókov. Fue hace cinco años. Ese libro lo compré en el aeropuerto de Púlkovo antes de subirme en el avión para volver a España, y fueron dos de los mejores vuelos que tuve en mi vida: San Petersburgo-Paris, Paris-Madrid. La traducción de Nabókov me pareció infinitamente bella.
Sé que hay literarios de renombre que consideran la traducción del autor algo anticuada en comparación con las traducciones que se hicieron después, pero en cuanto a mí, no quiero leerlas nunca. Para mí sólo existe la original, si se puede llamarla así.

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No sé cuándo será la próxima vez que lea “Lolita” o que vea alguna de las dos películas (la primera no me gusta tanto, aunque el mismo Nabókov la había guiado y había aprobado el resultado), pero sé que ese día llegará.

“Nabokov y su Lolita” de Nina Berbérova.

Hay un ensayo de Nina Berberova que se titula “Nabokov y su Lolita” y que merece la pena conocer.

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La obra de Nina Berberova de la que ya he hablado en este foro (viewtopic.php?f=17&t=223) la llamo “ensayo” porque desde sus primeras páginas me pareció un trabajo de curso de una estudiante de la facultad de filología. Una estudiante muy inteligente y con mucho talento, eso sí. Más que revivir de esta manera la lectura de la novela de Nabókov reviví mis años de estudios en la universidad. Aún así, he querido guardar para mí algunos párrafos del libro que quizá me puedan servir para las futuras lecturas de “Lolita” y que también sean útiles a todos aquellos que tienen pensado leer esta novela.

“…recorrer las líneas de Nabokov, es exactamente como abrir de par en par la ventana de una casa sofocante, tapizada de telarañas, que huele a ratones y naftalina”.

“… la ironía de Nabokov, uno de los elementos fundamentales de Lolita, que lo vincula con los genios de nuestro pasado, nada menos que con Dostoievski, tanto como Gogol y –a través de hilos más profundos y complejos todavía- Andrei Biely. (…) En lo que concierne a Petersburgo, la novela de Biely ha funcionado, por decirlo así, como catalizador de todo el arte de Nabokov. (…) Me limitaré a constatar que Gogol-Dostoievski-Biely-Nabokov forman una cadena evidente”.

“Lolita es tanto una novela europea o estadounidense, como rusa – para quien no cesa de considerar a Rusia, contra viento y marea, una parte indispensable y esencial de Europa-.”


El tema de Lolita.

“El tema de Lolita es el amor de un hombre de cuarenta años por una nínfula de doce años o, más exactamente, el de una pasión voluptuosa que se transforma en amor”.

“Para vivir con ella, se casa con su madre. La madre muere, él se queda solo con Lolita, pero ella lo deja por un rival. Tras largas búsquedas, él vuelve a encontrarla: está casada, espera un hijo. Él se da cuenta de que la ama y le propone a ella que vuelva con él. Ella se niega. Él mata al hombre que se la quitó. Lo arrestan”.


El segundo plano de la novela: el doble.

“El “doble” es el tema de Nabokov, el inmenso tema de su vida… (…). Último eslabón en la cadena de dobles de Nabokov: Humbert Humbert y su rival. Es imposible concebir el segundo sin el primero, sea que Humbert lo vea por primera vez en el vestíbulo del hotel, cuando lo sigue al tenis, o cuando al final lo mata”.

El núcleo de la novela: el mundo disociado.

“Todo el mal, todo el horror, todos los crímenes se vuelven de pronto fantasmales y (…) Humbert Humbert, ignorando todo decorado teatral, va adonde se levanta “el inmóvil sol del amor””.

El estilo: el epígrafe disuelto, las imágenes tutelares, el “rima-rítmico”.

“Lolita no tiene epígrafe alguno; no obstante, hay uno que se trasluce en cada página, como si jugara en el cerebro de Nabokov durante toda la composición de la novela. (…)”

“Nabokov (…) retoma en sus libros elementos que ya ha utilizado, pero lo hace como si fuera la primera vez. (…) Nada podría privar a esas “imágenes tutelares” de su vida ni de su encanto, reducirlas a polvo o hacerlas desaparecer: conservan su fuerza primigenia”.

“En Lolita, antes de matarlo, Humbert Humbert hace que su doble-rival lea su poema”.


La relación forma-contenido.

“Este libro, claro está, no necesita comentarios, ni preparación especial, pero sin duda requiere una cierta disposición previa. Difícil sin ello imaginar un lector que pueda comprender todo, detectar, estimar en su justo valor, descifrar, sobre todo desde la primera lectura. No olvidemos que esta obra proporciona tanto más placer cuanto mayor cantidad de elementos se comprendan y diluciden.
¿Cuál es, por ejemplo, el valor de ese nombre, Quilty, cuya primera aparición, fugaz, pasa inadvertida (…)? ¿o qué decir de aquella conversación (…) con el tipógrafo?”



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